Wednesday 25 de November 2020
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Cuando despertó, Trump ya no estaba ahí

9 noviembre, 2020

Por Francisco Jerez Castillo

Los libros de autoayuda o superación personal, a pesar de las obviedades que dicen, nos dejan lecciones importantes sin necesidad de pensar. Y como debemos aprovechar cualquier recurso para escribir estos artículos, utilizaremos una frase que se repite hasta la saciedad en ellos: “tu verdadero enemigo es el reflejo de tu espejo”. Esta frase, que se estampa en prensa, se presenta en videos y se repite más que el Kulikitaka de Toño Rosario, sirve para describir los errores que le costaron la presidencia al presidente Trump: El verdadero enemigo de Trump fue él mismo.

 Antes de las elecciones estadounidenses, escribimos una serie de artículos donde analizamos algunos factores que podían ser determinantes a la hora de votar: la gestión de la pandemia, la política de identidad y la estrategia de los candidatos. Dijimos que el punto débil de Trump era, y así fue, su comunicación de riesgo y la gestión de la crisis del Covid-19. Sin embargo, cuando establecimos cómo debían ser las estrategias de los candidatos enfrentados para aprovechar las debilidades de su oponente, no nos dimos cuenta de algunos errores fundamentales en la estrategia de Trump, por lo que debemos decir un Yo confieso pegándonos fuertemente en el pecho. Uno de los errores que no vimos cuando escribimos los artículos mencionados es que todo en su campaña giraba a su alrededor, sin dejar que los problemas de Biden —tanto seniles, como de su historial político— ocuparan el primer plano en su campaña. Esa estrategia quizás hubiese funcionado en tiempos normales, en tiempos sin pandemia.

Otro error es que Trump decía constantemente que el virus estaba desapareciendo, cuando los números decían todo lo contrario. Trump cayó en su propia trampa, le dio a Biden municiones que pudo explotar en su contra, y validó la narrativa de este, porque Biden tuvo como eje central de su estrategia la pésima gestión desempeñada desde la Casa Blanca ante la crisis. Fue una batalla de un relato y narrativa ficticios contra un relato y narrativa cargados de realidad. Y la realidad, como siempre, pega más fuerte, y estuvo del lado del presidente electo.

Otro aspecto que no resaltamos al analizar la estrategia de los candidatos fue el excesivo intento de Trump de mantener la recuperación económica como su tema principal en medio de una pandemia. Sí, la economía se está recuperando, eso es innegable, pero cuando tienes más de 200 mil muertos no puedes renunciar a la responsabilidad de velar por la salud de los ciudadanos. Esto lo han entendido Angela Merkel, António Costa, Jacinda Ardern, Emmanuel Macron, Luis Lacalle Pou, entre otros presidentes y primeros ministros que han buscado el equilibrio entre la salud y la economía, dando prioridad a los consejos de los encargados sanitarios, pero tomando ellos la decisión y dando la cara en cada momento.

Si bien Donald Trump dio muchas ruedas de prensa, sus mensajes fueron desacertados. Peleó públicamente con sus consejeros científicos y sanitarios, y negó la efectividad de muchos de sus consejos, el más básico: la importancia de usar mascarillas. Por lo tanto, no sabemos cuál hubiese sido el resultado de las elecciones si Trump hubiese manejado la pandemia de otra manera, lo que sí está claro es el resultado de haberla manejado como lo hizo. La realidad seguía pegando fuerte, dejando a Trump totalmente desconectado con lo que estaba y continúa sucediendo en Estados Unidos por el Covid-19; y ni hablar de su desempeño en el primer debate presidencial…

Por otro lado, aunque Trump haya perdido la presidencia, pues parece que las acciones legales de su campaña no tendrán un gran recorrido, hay otras cuestiones que deben tomarse en cuenta: las encuestadoras y la prensa deben formularse preguntas serias sobre su trabajo, Trump obtuvo ocho millones de votos más que en 2016, los republicanos obtuvieron más escaños de los que tenían en la Cámara de Representantes, parece que mantendrán la mayoría en el Senado, y la mayoría en la Suprema Corte es conservadora. Por esto, el periodista estadounidense Joshua Green afirmó que “Los votantes estadounidenses decidieron reemplazar a su CEO y mantener intacta a la junta de directores”.

Así que, cuando despertemos en enero, Trump no estará en la Casa Blanca. Se irá el año próximo, pero dejando las bases de un trumpismo sin él, con más personas a su favor y con un partido republicano a sus pies. Cuando llegue el día en que tenga que entregar el poder, quizá valga decir las palabras del poeta Miguel d´Ors: “Se fue, pero qué forma de quedarse”.

El autor es abogado y consultor político

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