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Experiencia humana, política y social que nos deja la pandemia

8 noviembre, 2021

Por Rafael Nino Feliz

No es correcto hablar de período pospandémico, pues la pandemia sigue jugando a sus terribles y sorprendentes escaramuzas. Una de las potencias más grandes del mundo cerró recientemente, por una semana, todas sus actividades -como en los peores momentos de este cruel fenómeno del letal virus- por el alto contagio que afecta a sus ciudadanos. Otras naciones dan muestra de que tienen indicadores, o perciben, que señalan que ya entran en una nueva etapa de rebrotes y grandes amenazas del peligroso mal mundial que nos pone en peligro y que no ceja en su afán de tragedia y muerte.

El número de fallecidos a nivel mundial, registrado esta semana por la Universidad de Johns Hopkins, es un poco más de 5 millones de seres humanos. Esta cantidad de personas es equivalente a la totalidad de habitantes de uno de muchos de nuestros países o a la sumatoria de varios de ellos. Esto nos da una idea del tamaño de la tragedia humana provocada por la pandemia. A esto hay que sumarle la incertidumbre, angustia y desesperanza causadas a todos los que vivimos en el planeta.

No sólo debemos tomar en cuenta el saldo de fallecidos en cada nación, sino también la pérdida económica que ha afectado a millones de ciudadanos que han perdido sus ingresos familiares y quedado en pleno desamparo; así como las micros, pequeñas y medianas empresas que han quebrado.

Sin embargo, nadie puede negar que el nuevo orden de la virtualidad, acelerada por el fenómeno del virus y las nuevas necesidades o demandas creadas por la pandemia, ha permitido que hayan nacido millones de nuevas empresas desde las enormes posibilidades que ofrecen los negocios en espacios virtuales. Los seres humanos en circunstancias difíciles como esta, o de cualquier tipo, descubren nichos para emprender nuevos negocios y formas de vida. Esa ha sido la dinámica humana en toda la historia de la humanidad.

La pandemia puso a prueba la capacidad ofensiva y de respuesta de las grandes potencias. Países con capacidad para destruir al mundo en minutos, se vieron imposibilitados de tener una respuesta contra un virus que los enfrentaba sin que ellos pudieran combatirlo en batalla frontal, como de costumbre hacen con los países pequeños e indefensos. También quedaron al desnudo las ambiciones y egoísmo de los seres humanos. Por supuesto, que los humanistas han demostrado, como siempre en los hechos históricos, su solidaridad con el prójimo.

El acaparamiento de las vacunas por parte de las grandes potencias o países poderosos de la tierra puso en franca y clara evidencia su falso humanismo. Los ciudadanos de países cercanos a las grandes naciones hegemónicas se morían a poca distancia de dichas potencias por falta de vacunas, mientras ellos esperaban una cumbre hemisférica para anunciar desde aquel escenario, jugando a sus estratégicas mediáticas y a la comunicación política, que ellos iban a donar vacunas, tardíamente, a los que consideran países del patio, subdesarrollados o bananeros.

Es importante señalar que China tuvo una conducta diferente frente a los países en vía de desarrollo, como eufemísticamente nos califican las grandes y tradicionales potencias. La República Dominicana y otros países hermanos tuvieron, en momentos muy especiales y difíciles, la actitud humana y de solidaridad de China. Su filosofía milenaria y su política de coexistencia pacífica frente a los países y pueblos hermanos, bajo la grave crisis pandémica, demostraron su inmensa sabiduría y visión política correctas en el marco histórico de la multipolaridad.

El país más afectado por el contagio de la pandemia es Estado Unidos, con una alta y lamentable pérdida de vidas humanas. Al día de hoy, las estadísticas señalan que esa nación tiene más de 47 millones de casos de afectados registrados y cerca de 880 mil fallecidos. Posee también una baja tasa de recuperación. Estos datos deben preocupar al mundo y al propio, digno y laborioso pueblo estadounidense. ¿Cómo se explica esta realidad, si no es por las propias fallas y debilidades de su sistema de salud pública?

Una cosa que por justicia debemos destacar, es que, de todos los países no desarrollados, sólo Cuba fue capaz de crear cinco vacunas propias, a pesar del recrudecimiento, en plena pandemia, del Bloqueo de Estados Unidos, produciéndose varias acciones negativas que afectaron considerablemente la economía cubana. La prohibición de envío de remesas en plena pandemia a familias cubanas residentes en la isla, de parte de familiares cubanos que residen en los Estados Unidos, es un hecho cruel y antihumano, y está afectando a la población y, muy especialmente, a niños y envejecientes. Por lo tanto, resulta un hecho criminal contra la humanidad, que debe ser condenado legal y moralmente.

Si a esto le sumamos la feroz campaña mediática para desestabilizar el gobierno de aquel país, y la presión ejercida sobre terceros países para prohibir que los médicos internacionalistas de la isla pudieran desarrollar su trabajo de combate a la pandemia a través de acciones de solidaridad en otros países, entonces podemos afirmar que se trata de un acto absurdo y condenable. Además de impedirles a esos mismos países las libres transacciones comerciales e, incluso, el uso de campaña sucia para que la OMS no apruebe las vacunas cubanas. ¡Este es un acto muy grave! Independientemente de estas circunstancias adversas e innecesarias, en términos de las relaciones internacionales de los países, Cuba tiene hoy más del 80% de su población vacunada y es el primer país en iniciar la vacunación en edad pediátrica.

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