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Y si plagiamos, ¿qué?

19 octubre, 2020

Yo plagio, tú plagias, él/ella plagia, nosotros plagiamos. ¡Qué no se confunda el lector! No es una clase de conjugación, es una descripción. Si existiese un Moisés moderno, incluiría en los nuevos diez mandamientos uno que dicte: “Plagiarás a los otros como quieres que te plagien a ti mismo”. Sólo nos falta el Sinaí… y el Moisés, claro. No queremos hacer un análisis bíblico del profeta, pero sí señalaremos algunos casos de plagio en el ámbito político. Lo haremos con base en la geografía. Pues no es lo mismo plagiar en México o en República Dominicana que en Alemania.

Que una confesión sirva como faro ante la niebla: esto no es un elegio del plagio, tampoco una apología de quien lo practica, y mucho menos un análisis legal de sus consecuencias. Es, más bien, una defensa de la originalidad y honestidad intelectual en la comunicación electoral y de gobierno, aunque para algunos plagiar sea un arte o creación doble, pues requiere más sudor, ingenio y valentía para inventar y desdeñar al autor plagiado.

En la música, en las ciencias, en la literatura, incluso en la religión, no dar crédito por las ideas ajenas ha sido ancla y motor de progreso desde fechas olvidadas. Por tanto, plagiar puede considerarse como la verdadera profesión más antigua del mundo, con menos nivel de goce, pero sí con más reconocimiento. Para quienes la practican, lo único reprochable es el puritanismo medieval que los empuja a no aceptarlo o, incluso, a cambiarle el nombre para expiar la vergüenza de mencionarlo. Por ejemplo, en publicidad se le llama benchmarking al proceso de comparación de productos para extraer enseñanzas para crear otros. ¡Vaya eufemismos! Goebbels estaría furioso por no haberlos creado, aunque quizá los hubiese copiado.

Pero, copiar sin dar crédito tiene sus consecuencias en política. Estas oscilan, dependiendo del país, entre la simple burla hasta la renuncia de una candidatura presidencial o un ministerio. Empecemos por las últimas:

Joe Biden, hoy candidato presidencial por el Partido Demócrata en Estados Unidos, ha tenido una serie de escándalos por plagio. Durante las primarias demócratas para las elecciones presidenciales de 1988, copió en la mayoría de sus discursos; plagió el discurso de inauguración de John F. Kennedy de 1961, plagió el discurso de Robert Kennedy en la Universidad de Kansas de 1968, y plagió un discurso del líder laborista inglés Neil Kinnock de 1987. Pero su adicción al plagio no se limitó a discursos de campaña, en dichas elecciones se descubrió que también había plagiado en la escuela de derecho. Biden pidió disculpas diciendo “He hecho cosas tontas y haré cosas tontas de nuevo”. Biden tuvo que renunciar a sus aspiraciones de ser presidente en 1988 por esos escándalos. Al parecer, la vara de medir las consecuencias del plagio en Estados Unidos se ha roto, pues en estas elecciones también se ha acusado al candidato del Partido Demócrata de plagiar al político canadiense Jack Layton en uno de sus discursos. ¿Puede alguien ser presidente con ese historial? Es obvio que Biden es un cleptómano de ideas ajenas, pero también se debe reconocer que cumple su promesa de 1987: “he hecho cosas tontas y haré cosas tontas de nuevo”. Otras que tuvieron que renunciar por plagio, en este caso a ser ministras, fueron Carmen Montón y Annette Schavan, exministra de Sanidad española y exministra de Educación alemana, respectivamente.

Pero vayamos a otras coordenadas geográficas, específicamente latinoamericanas. Para este escribidor, uno de los mejores spots electorales ha sido Lo que no voy a hacer del expresidente argentino Mauricio Macri. Comparten esa opinión el político mexicano Daniel Zairick —candidato a la alcaldía de Orizaba, Veracruz— y el ecuatoriano Raúl Andrade —candidato a la alcaldía de Chone, Manabí—, pues decidieron copiar textualmente las palabras de Macri e incluso los planos del video.

Asimismo, en República Dominicana, un aspirante a la Alcaldía del Distrito Nacional en las elecciones pasadas copió el spot electoral La historia la escribes tú del partido político español Podemos. Hay que reconocer las habilidades imitativas de ese candidato, no sólo por copiar hasta el estilo de voz, sino por utilizar la famosa frase de Pablo Iglesias, líder de Podemos, “que el miedo cambie de bando”, sin prigilio. No sé si el miedo cambió de bando, pero quien sí tiene que hacerlo es el candidato: abandonar el bando de los plagiadores por el de los creativos. Por último, también ha sido evidente la apropiación de ideas en los discursos de un aspirante a la presidencia dominicana en las pasadas elecciones. Es indudable que la retórica tiene recursos que pueden ser utilizados por cualquier orador: anáforas, tríadas, hipérboles, aliteración, o la sinonimia. Pero esto no permite copiar las palabras exactas de Luis Donaldo Colosio: “yo veo un México con hambre y con sed de justicia”. Cambie “México” por “pueblo”, estimado lector, si es dominicano, y estoy seguro de que sabrá quién es el candidato. También traduzca las palabras de Franklin D. Roosevelt: so, first of all, let me assert my firm believe that the only thing we have to fear is… fear itself. Ya verá que la identidad de dicho candidato será menos difusa.

La originalidad y honestidad intelectual existe en la comunicación política. Evidentemente, muchos de los casos citados pueden atribuirse a los asesores y no a los políticos. Sin embargo, en esta profesión hay personas excepcionales que cuentan con un gran nivel de creatividad e inteligencia para no atribuirse ideas ajenas como propias. Pero, si el Moisés moderno del inicio nos entrega diez nuevos mandamientos, incluido el de plagiar a los otros como queremos que nos plagian a nosotros mismos, los cumpliré con fe y oración. Pongo a Biden y a los excandidatos dominicanos como testigos.

Francisco Jerez Castillo
Abogado y asesor político

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