Por Fabián Díaz
Es oportuno el anuncio de la inclusión de la asignatura Moral, Cívica y Ética Ciudadana en la curricula educativa. Más bien formalizan lo que ya es práctica entre la mayoría de los docentes.
Es cierto que la formación en educación moral y cívica es necesaria. Eso no se discute y cualquier esfuerzo para instituirla es bienvenido.
Claro, el primer curso deben tomarlo los funcionarios, empresarios, líderes sindicales, religiosos y gremiales; así como funcionarios civiles y militares, entre otros. Son ellos los que deben subsanar los males que han causado a la sociedad, no los jóvenes que los padecen.
Educar y formar en valores es sembrar, pero la siembra requiere cuidados para que los frutos sean sanos y la cosecha abundante. Los males que padecemos requieren acciones correctivas inmediatas, no solo medidas formativas futuristas.
Los problemas de degradación cívica y corrupción moral vigente, han sido creados por quienes proponen corregirlos. Es bueno que la acción se acompañe con el reconocimiento de las responsabilidades de cada quien.
Los jóvenes no han gobernado ni elaborado leyes; por tanto, no son culpables primarios de los males que padecemos. Las escuelas educan y forman, pero las familias y la sociedad complementan esa formación.
Es bueno aclarar que la Formación Moral y Cívica es parte del quehacer de los maestros en los centros educativos de todos los niveles, y aunque se quiera ignorar siempre se ha dado. Que pocos la apliquen es otra cosa. Incluso a los corruptos le sobran títulos pero le faltan escrúpulos. Ellos han pasado por las aulas, y en las aulas se da la formación cívica , pero no la aplican.
Los esfuerzos para lograr la superación del analfabetismo cívico, prevenir la corrupción e imponer la transparencia como norma no han surtido los efectos esperados. Falta mucho para alcanzar la meta.
Incluso, existe una Dirección de Ética e Integridad Gubernamental que debería trabajar para completar la educación formal entre quienes dirigen, pero falta para llegar ahí.
La corrupción moral es un flagelo ancestral y no se corrige sin sancionar a corruptos, corruptores, socios y cómplices que dañan la institucionalidad y corrompen a la sociedad. Ya el maestro Eugenio María de Hostos plasmó en su obra Moral Social la ruta que pudiera construir una ciudadanía cívicamente formada.
Hay que sanear y sancionar para crear referentes que apuntalen la Educación Moral y Cívica. Y agrego formación política. No basta con educación para el futuro cuando el presente está corroído por vicios intrínsecos a las democracias formales electoralistas.
Sí, a la Educación Moral y Cívica, pero empezando por quienes toman decisiones. Educar con el ejemplo, es la mejor manera de educar.
¡Que cada quien reflexione sobre su conducta en sociedad y coloque la moral social como horizonte!
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