Oh, ¿y ahora quién podrá defendernos? El silencio ensordecedor de San José de Ocoa

Por Kelvin Arias Melo
Por años, el discurso político en San José de Ocoa se centró en una promesa: “Si el gobierno nacional, el Congreso y la municipalidad reman en la misma dirección, el progreso será imparable”. Hoy, esa alineación es una realidad absoluta. Con el control total de las autoridades legislativas y más del 70% de las alcaldías y juntas distritales bajo la bandera del PRM, la provincia debería estar viviendo su “época dorada”.
Sin embargo, al caminar por nuestras calles y campos, la realidad choca de frente con la retórica. Ocoa parece una provincia en pausa, una tierra que, a pesar de tenerlo “todo” a nivel político, luce hoy en el olvido, con obras inconclusas y, lo que es más grave, sin dolientes.
La política de la excusa y la lisonja
Es desconcertante observar cómo las autoridades actuales han pasado de la acción a la justificación. Se han vuelto expertos en el arte de presentar excusas para explicar por qué los proyectos emblemáticos no avanzan.
Cuando la presión social aumenta, la respuesta no es una retroexcavadora trabajando o un plan de desarrollo concreto, sino el recurso de la dádiva momentánea. Se intenta tapar el hueco de la ineficiencia con lisonjas y asistencialismo barato, una estrategia que subestima la inteligencia de los ocoeños. Incluso en la asistencia social, ese brazo que debería ser el más sensible, nos hemos quedado cortos; la ayuda no llega a quien la necesita por derecho, sino a quien la recibe por favor.

El vacío de liderazgo
¿Dónde están los defensores de esta tierra? ¿Para qué sirve tener una “línea directa” con el Palacio Nacional si esa conexión no se traduce en el asfalto de nuestras rutas agrícolas, en la terminación de acueductos o en el fortalecimiento de nuestro sistema de salud?
La frase del recordado Chapulín Colorado resuena hoy con una amargura necesaria en cada rincón de la provincia: “Oh, y ahora ¿quién podrá defendernos?”.
Porque el problema no es la falta de recursos o de representación técnica; el problema es la falta de voluntad política y de amor genuino por esta provincia. No necesitamos más fotos sonrientes en inauguraciones de obras menores mientras las grandes necesidades siguen acumulando polvo.
Un llamado a despertar
Ocoa no puede seguir siendo el “patio trasero” olvidado de un gobierno que domina todos los estamentos del poder local. La hegemonía política no debe ser un cheque en blanco para el descuido, sino una obligación moral para dar resultados proporcionales al poder que se les otorgó.
Si quienes fueron elegidos para defendernos se limitan a administrar el estancamiento, la sociedad civil y el pueblo llano tendrán que recordarles que el poder emana del voto, y que el olvido también se paga en las urnas.
San José de Ocoa no pide dádivas, exige el respeto que da la obra terminada y el compromiso cumplido.