
Por Marcos Soto Tejeda
En el año 1891, la común de San José de Ocoa sufrió en carne propia, los efectos de una hambruna, originada por una prolongada sequía que provocó la escasez de los principales productos agrícolas. En esa época la población ocoeña rondaba los 3,909 habitantes, de los cuales el 79% vivía en la zona rural y el restante 21% en la zona urbana.
En ese momento las autoridades municipales, compuesta por Antonio Figaari, como Sindico; Dionisio Cabral Tejeda, Presidente del ayuntamiento; Matías Martínez, Vicepresidente; Manuel Rodríguez, Regidor y Miguel López, Secretario, preocupados por la situación, se reunieron en sección permanente y tomaron las siguientes medidas:
- Solicitar la colaboración de la población ocoeña, especialmente de los comerciantes de la plaza y de los productores agrícolas y ganaderos.
- Prohibir la extracción de víveres del campo y trasladar habichuelas fuera de Ocoa con más del 50% de la producción.
- Exonerar a los carniceros sobre el pago de los arbitrios correspondientes, cuando se tratará de animales destinados al consumo e
- Indemnizar a los rematadores de los proventos de las matanzas de animales.
Ante ese llamado, los ocoeños respondieron rápidamente y de inmediato comenzaron hacer sus aportes en la forma siguiente:
- Francisco Sánchez, Marcial Grau, Matías Martínez, Tomás Pimentel y Wenceslao Figuereo, todos donaron dos (2) reses cada uno para sacrificio. Este último también ofreció sus potreros para mantener las reses, así como los animales para cargar el maíz y demás frutos.
- Simón Díaz y Manuel Heriberto Cabral, donaron dos (2) cerdos cada uno para sacrificio. Este último también donó todo el maíz necesario para el consumo
- Miguel Mascaró, donó un quintal de azúcar.
- Juan M. Lavigne, donó un quintal de arroz.
- Ricardo Caro, Pedro T. Guerrero y Socorro Suazo, donaron dos (2) quintales de habichuelas.
- Marcial Grau, donó 1/2 quintal de habichuelas.
- Francisco Sánchez, Andrés Pimentel, Exequiel Pimentel, Ricardo Caro y Medardo Mordan, también ofrecieron animales de carga.
Esta reseña es una muestra del grado de solidaridad de los ocoeños en cualquier época.
Fuente:
Un Siglo de vida Ocoeñas, libro de J. Agustín
Concepción.
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