Cuidemos la disidencia, porque…
Pienso que una de las mayores manifestaciones de madurez, tolerancia y respeto hacia los demás y a sus puntos de vista se pone de manifiesto cuando estos entran en contradicción con lo que creemos; la forma en la que defendamos nuestra posición -a la que tenemos derecho- será la gran diferencia entre una persona y otra; la reacción en torno a quien tiene un parecer distinto al nuestro -a lo que igual se tiene derecho- será la que dejará en evidencia esa madurez, esa tolerancia y ese respeto.
Pero cuidado, pues en contrapartida, esa reacción asumida igual dejará o podría dejar al descubierto cualquier nivel de intolerancia o irrespeto que nos pueda acompañar. Claro está, si se tiene una posición de “poder”, entonces hay que ser mucho más cauteloso, puesto que si damos visos de irrespeto igual estaremos propiciando que los demás nos puedan irrespetar y en ese escenario todos perdemos, habida cuenta de que podríamos estar creando un ambiente hostil y de tensión que a nadie beneficia, sino que más bien a todos perjudica.
Sabias fueron y siguen siendo aquellas expresiones atribuidas a Thomas Paine, en el sentido de que “todo hombre tiene derecho a dar una opinión, pero ningún hombre tiene derecho a que su opinión gobierne a los demás”, y esto sin importar la posición que se ostente en un momento determinado.
Entiendo que debemos honrar cada vez más, y diría que hoy más que nunca, esa línea de pensamiento, asumiendo como Thomas Paine (1737-1809), que dicho sea de paso se trata de “uno de los principales pensadores de la Ilustración y figura clave en las revoluciones estadounidense y francesa”, el respeto al pie de la letra frente a la disidencia, sin que pretendamos decir con esto que estamos en la obligación de aceptar todo cuanto los demás expresen; eso jamás, pero sí estamos en el deber de respetarlo, aunque no lo comparamos; eso siempre.
Hay que ser sumamente prudente al momento de reaccionar y responder, extremando esa prudencia cuando se esté en una posición de “poder”, pues si llegamos al extremo de desautorizar públicamente a quienes no estén de acuerdo con nosotros, podríamos estar propiciando que esa persona se sienta humillada y eso jamás se borra de quien ha sentido un trato displicente, intolerante o irrespetuoso.
Es más, y hay que decirlo, si esa situación se produce entre “iguales” en términos de que no se trate de una posición de “poder” de uno respecto al otro, eso podría ser olvidado días después -a sabiendas de que aún en esos casos podría dejar cicatrices- imaginemos qué no sucedería si quien es contradicho y refutado públicamente se siente herido en su orgullo y dignidad por recibir por respuesta un trato inadecuado, que puede darse cuando no se tiene un buen manejo en ese sentido.
Así las cosas, el mensaje es claro, hay que cuidar las formas, ser lo más elegante posible al momento de reaccionar ante quien no estemos de acuerdo, pues con expresiones como “no comparto su criterio por tal o cual razón; lamento no estar de acuerdo con usted; tengo una opinión distinta a la expresada por usted, aunque respeto la suya”, y así, una serie de salidas que al hacerlo dejan en evidencia la madurez, la tolerancia y el respeto del que hablamos y por el que nos inclinamos.
De tal manera que, como cierre, debo decir que se puede siempre contradecir el punto de vista de aquel que no esté de acuerdo con el nuestro, pero sabiendo que una cosa es disentir y aclarar… otra es desautorizar o irrespetar.
El autor es ocoeño y egresado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

