Entre la prevención y la sanción: un llamado a la coherencia

Por Marcio Melvin Mateo
Las instituciones encargadas del orden público no solo deben hacer cumplir la ley, sino también generar confianza en la ciudadanía. En ese sentido, la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT) desempeña un papel clave en la regulación del tránsito y la protección de vidas en las vías.
Sin embargo, en la práctica cotidiana, surgen acciones que invitan a la reflexión. Una de ellas es la forma en que algunos agentes abordan las infracciones, especialmente en lo relativo al uso del casco protector. No es raro observar operativos donde agentes se colocan ocultos, detrás de vehículos estacionados, esperando sorprender a conductores, en su mayoría motoristas que se encuentran en plena jornada laboral, incluso transportando herramientas o cilindros de gas.
La falta debe ser corregida, pero la forma en que se interviene plantea una pregunta necesaria: ¿se está priorizando la seguridad o la sanción?
A esto se suma una realidad más preocupante. Mientras algunos agentes concentran su labor en multar, otras situaciones críticas quedan desatendidas: adultos mayores que cruzan calles sin asistencia, intersecciones colapsadas por el desorden en los estacionamientos y vías que se convierten en embudos por la falta de gestión del flujo vehicular.
Estas escenas reflejan una desconexión en las prioridades y refuerzan la percepción de que la fiscalización predomina sobre la prevención. Cuando esto ocurre, la confianza ciudadana se debilita y la autoridad pierde legitimidad.
La seguridad vial no puede limitarse a sancionar. Exige educación, orientación y presencia activa en puntos clave. Un agente que organiza, asiste y previene aporta más al orden que uno enfocado únicamente en imponer multas.
El llamado es claro: fortalecer un enfoque preventivo. Que la DIGESETT priorice la asistencia al ciudadano, la organización del tránsito y la educación vial como ejes de su labor. La sanción debe ser un recurso necesario, pero no el principal.
El orden no se construye desde la sorpresa ni desde la presión económica, sino desde la coherencia, el respeto y el compromiso con la vida.
