Influencers, artistas y políticos: bienvenidos al reino de las apariencias

Por Asdrovel Tejeda
No… mejor.
Yo quiero ser influencer.
Tener opinión sobre todo. Con un rasero en la mano decidiré qué es lo bueno y qué es lo malo. Inventaré mil maneras de hacer que mis seguidores, tan inteligentes como yo, descubran la profundidad de mi astucia. Les explicaré el mundo en videos de treinta segundos, vendiéndole indignación por un tubo y siete llaves enseñandoles a pensar… exactamente igual al Platón en que me he convertido.
Después apagaré la cámara, me quitaré los afeites, colgaré la sonrisa Colgate y volveré a mi cuarto para seguir maquinando el personaje del día siguiente.
O mejor…
Seré artita.
Con todo mi artitaje.
Un aro en cada oreja, otro en la nariz y otro en medio del bembe; el pelo morado, verde o azulito cielo; los pantalones rotos, cuatro o cinco tatuajes, el nombre de alguna dama, tres espadas y un corazón. La copa receptora en la mano y el lema revolucionario en la boca:
—¡Qué grande salió Ñocolo desde su barrio perdido!
Entonces subiré a la tarima con mi voz vibrante y clara a interpretar el poema que vuelve locos a mis locos:
—«¡Pónmelo ahí, que te lo boa partir!»
No importa que no entiendan. Lo importante será el coro.
Aunque…
También puedo ser musicólogo.
Es uno de mis deseos más profundos.
Seré de esos que, sordos, dictan cátedra sobre el buen gusto musical; pontífices del ritmo, guardianes de la armonía y fiscales de la entonación popular.
Ya me imagino a mi público, entretenido, envuelto en humo de hookah; bellas damiselas de nalgas tumultuosas, fabricadas en serie por un bisturí despiadado que, aburrido y somnoliento aprendió a copiar medidas.
¡Qué público tan alegre!
Casi todos parecidos.
Sentados donde se acotejen, felices y distendidos, hasta que una mirada aviesa alborote el avispero y los vasos vuelen alto igual que una bandera.
No ombe…
Mejor me meteré a político.
Ahí sí hay grandeza, señores.
Son padres de la patria. Hombres de pensamientos profundos, desprendidos, dadivosos, sacrificados… al menos mientras la cámara esté encendida.
Algunos poseen poderes mágicos. No necesitan la lámpara de Aladino; les basta una varita de saúco.
Llegaron en chancletas.
Hoy poseen mansiones.
Ayer pedían fiado.
Hoy prestan millones.
Ayer prometían servir.
Hoy cobran por prometer.
No…
Pensándolo bien, seré de todo un poco.
Influencer para que me sigan.
Artista para que me aplaudan.
Musicólogo para decirles qué deben escuchar.
Y político…
…para poder vivir de todos .



