Opiniones

Hablando como los locos: las marionetas

“Y entonces, todos, bajo la misma soberbia y el deseo de ser famosos hablando el mismo idioma, intentaron construir, en Sinar, una torre tan alta que llegara al cielo”…

Por Asdrovel Tejeda

Los ventrílocuos son esos personajes capaces de hacer creer que la voz proviene de otro sitio, mientras mantienen la boca cerrada. Usan un muñeco —dummy— como centro del espectáculo: él habla, aunque la voz nace del vientre. No es casualidad. VENTE es vientre en latín; LOQUI, hablar.

Han sido tan notorios que hasta la Biblia los anticipa. Isaías 29:4 lo dice con crudeza: “Hablarás desde la tierra… y tu voz susurrará desde el polvo”.

Siempre han existido. Crecen en manadas, por docenas, repitiendo voces ajenas. No poseen la palabra, porque la palabra es la manifestación de una idea, y la idea exige cerebro.

Hoy la escena es otra, pero el mecanismo es el mismo: ya no se piensa para hablar, se digiere. El cerebro ha sido desplazado por el estómago. Asistimos al auge de las marionetas dummy: figuras manipuladas que repiten discursos prefabricados, reciclados, pulidos, bellos, pero muertos. Voces rescatadas del basurero de ideas ajenas, regurgitadas por un instrumento nacido —irónicamente— del mayor esfuerzo colectivo del genio humano.

Lo pavoroso no es la herramienta, sino el patrón: todos dicen lo mismo, con el mismo corte semántico, el mismo tono, la misma falsa profundidad. Estamos viendo cómo el pensamiento es sustituido por la repetición, y cómo el instrumento termina usando al hombre para conducir a la manada hacia pastos de comodidad, donde se sacia el vientre y se abandona la idea.

Ha llegado la hora de las marionetas.
El cerebro ya no habla.
El show puede seguir.

Asdrovel Tejeda

Redacción El Ocoeño

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