

Por Omar Ureña
Ser controversial y generar una polémica con un tema cualquiera, sobre todo ahora en política, no te hace mala persona. Lo que te hace vil y despreciable ante los demás es inventar cosas que no puedes sustentar y poder presentarlo como evidencia ante los estamentos correspondientes que da la ley para procesar un hecho punible.
Por lo general, en la política, el fanatismo nos nubla el pensamiento y nos lleva a despotricar a personas y candidatos, olvidando que esas personas tienen familias y que cada palabra difamatoria e hiriente es una puñalada al alma que damos, no solo a la víctima preferida, sino, a la sociedad en sentido general.
¿Qué aporte podemos ofrecer como seguidores a nuestros líderes, cuando solo hablamos y escribimos negatividades infundadas de nuestros adversarios?
Sobre el dicho popular que reza: “Lo que habla Juan de Pedro, habla más de Juan que de Pedro”, es decir, que todo lo que dices de una persona en su contra, estás diciendo más de ti que de esa otra persona; por consiguiente, se puede interpretar que la frustración, el odio y la maldad son el estandarte que identifican a todo aquel que anda por la vida destilando veneno.
Si se demuestra con hechos irrebatibles cualquier denuncia que hagamos sobre algo o alguien, podremos tener nuestra consciencia tranquila, porque hablamos con la verdad, si es todo lo contrario, debemos asumir que nos equivocamos y hacerlo público por la misma vía que hemos tomado para dañar honras.
En lo adelante, ojalá que el debate político se centre en las propuestas de cada candidato y que el elector tenga conocimiento pleno y así decidir a quién sí, a quien no y porqué. Que las urnas se llenen de buena vibra, de esperanza, de fe y amor, porque el pueblo necesita la unidad familiar sobre todo con esta pandemia y tantos males que padecemos y así dejar de estar gastando energías innecesarias en plumas de burro.



