Opiniones

Hablando como los locos: Puerto Rico, Bad Bunny y el Super Bowl

Por Asdrovel Tejeda

Puerto Rico es una tierra hermosa, de gente que ha brindado a su isla y al mundo manifestaciones de grandeza en cada ámbito del desarrollo humano.

Con una cultura prodigiosa, la misma que se enhebra y enaltece todo el continente americano, desde los ona y los yaganes en el confín austral de la Patagonia argentino-chilena, al ladito de los Andes, colándose por cada intersticio de sus paisajes imponentes hasta desembocar en el mar de Bering, sobre cuyos hielos —se dice— llegaron los primeros pobladores para desparramarse creando asentamientos, civilizaciones, música, religiones y construcciones monumentales que han permanecido por siglos, tejiendo las ataduras que, en cada país y región, nos dan la esencia central de lo que somos.

Así fuimos llegando al español, trenza indeleble que fue amarrando la identidad en un revoltillo único que, al decir de Vasconcelos, fue pariendo al hombre nuevo.

El español fue el primer idioma europeo hablado en territorio estadounidense, desde los bordes del golfo hasta el lago Erie. No en vano, cuando llegaron los peregrinos, la nación Navajo y la Apache lo utilizaban para comunicarse con otras naciones en el suroeste del territorio que llegó a ser EU.

Puerto Rico, donde canta el coquí enamorando la luna con notas candentes; donde sus mujeres caminan con cadencia de areíto, con el rasgueo de guitarras flamencas acompañado del ritmo sonoro de tambores africanos.

Sus aportes a la música, a la poesía, a la historia y a los linderos profundos que van desde la ciencia hasta las luchas civiles son innegables. Pasa por el orgullo inmarcesible de:

“Que cada ser que aquí vive sienta orgullo en afirmar:
‘Esta es la tierra que habito, pertenezco a este lugar’.
¡Yo soy tuyo, Puerto Rico, pa’ lo que quieras mandar!”
—Tony Croatto.

La presentación del artista Bad Bunny, en el mismo centro del corazón norteamericano, bajo el supuesto de una manifestación de “orgullo”, no representa la hispanidad, mucho menos a Puerto Rico. El mismo sujeto que, se viste de de mujer y se maquilla y en cuya participación artística exhibe mujeres moviéndose en una especie de aquelarre, hombres abrazándose en rincones oscuros y figuras errantes que configuran un espectáculo vacío, mientras el cantante, con voz apagada, descarga una puesta en escena de tono dantesco, no encarna la tradición cultural que aquí se reivindica. Más aún, una ofensa desmedida a la mujer, a la que presentan y asumen como una vagina despeinada:

“Tú muevе’ el culo fenomenal
Pa yo devorarte como animal
Si no te has venío, yo te vo’a esperar
En mi cama y lo vo’a celebrar”
¿Cómo te atreve’, mami, a venir sin panty?

La mente detrás de esta debacle podría responder a intereses partidarios. No es descabellado pensar que sectores políticos, pudieran capitalizar un evento así para reafirmar su agenda de cara a elecciones de medio término, en momentos de reflujo e incertidumbre.

Sin embargo, esta agenda perniciosa que nos conduce al oscurantismo omite una realidad fundamental: en Estados Unidos, la población hispana ha crecido significativamente, representando aproximadamente el 19.1% de la población total en 2023. En el ámbito universitario, los estudiantes hispanos constituyen alrededor del 21% del total de pregrado, y las Instituciones al Servicio de Hispanos (HSI) superan ya las quinientas, inscribiendo a más de la mitad de los universitarios hispanos.

El único orgullo valedero y sostenido en el tiempo es que los nuestros se preparen de forma consecuente y permanente para abordar las nuevas luchas que vendrán: desde la inteligencia artificial hasta la conquista de nuevos planos en la física y la robótica, donde muchos de los nuestros —incluidos puertorriqueños— ya están abriendo las puertas de par en par para que entre el futuro.

Redacción El Ocoeño

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